El perseguidor, el intruso, la forma en la oscuridad: cada uno de ellos es un aspecto de tu propia mente. Una pesadilla no es un ataque ni un presagio. Es tu mente subconsciente alzando la voz, porque los mensajes más suaves no fueron escuchados. A la luz del día, es una buena noticia: lo que aparece es algo que puedes afrontar.
El corazón te late con fuerza, miras la habitación y haces todo lo posible por dejar de pensar en ello. Es una reacción natural, y es el mismo movimiento del que habla la pesadilla. El sueño te mostró algo que has estado evitando. Olvidarlo deprisa es una forma más de evitarlo, así que vuelve, más fuerte.
El Lenguaje Universal de la Mente lee cada figura de una pesadilla por lo que es y por lo que hace. Un perseguidor te sigue adondequiera que vayas y no hay forma de dejarlo atrás: algo dentro de ti que sigues evitando. Un monstruo es una parte de ti de la que no eres consciente y que trabaja en tu contra. Deja de huir de ello despierto, y dejará de perseguirte dormido.
Ser perseguido refleja que evitas algo dentro de ti. Lo que te persigue no es un enemigo con planes propios; es un aspecto de tu mente que no has querido afrontar. La pregunta cambia de «¿cómo escapo?» a «¿de qué he estado huyendo?».
Antes de dormir, decide que la próxima vez que te persigan te detendrás y te darás la vuelta. La mente consciente puede darle al subconsciente una instrucción para la noche. Cuando por fin te das la vuelta y miras de frente lo que te persigue, pierde su poder, y aquello en lo que se convierte cuando lo miras forma parte del mensaje.
La pesadilla señala un patrón de tu vida despierta: una conversación evitada, una verdad aplazada, un hábito que no quieres mirar. Afronta eso, y el sueño habrá hecho su trabajo. La mente subconsciente deja de alzar la voz en cuanto la mente consciente escucha.
Una pesadilla lleva más fuerza que cualquier otro sueño que tengas, porque tuvo que abrirse paso. Léela, y esa fuerza deja de ser miedo y se vuelve dirección: descubres exactamente qué has estado evitando y puedes afrontarlo en tus propios términos, a la luz del día, en vez de a las tres de la mañana. No te vuelves valiente de la noche a la mañana. Te vuelves consciente, y el miedo vive en la falta de conciencia.
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Porque estás evitando algo dentro de ti. En el Lenguaje Universal de la Mente, ser perseguido refleja huir de un aspecto de tu propia mente: una verdad, un hábito, una parte de ti que no quieres afrontar. La persecución se repite hasta que te das la vuelta, en el sueño o en tu vida despierta.
Una pesadilla es tu mente subconsciente captando la atención de una mente consciente que ha estado ignorando sus mensajes. Las figuras que asustan son aspectos de ti, y la oscuridad en un sueño es falta de conciencia. Lee lo que te muestra, afróntalo en tu vida despierta, y la pesadilla ya no necesita alzar la voz.
No. Esto es interpretación de sueños —leer lo que tu propia mente te está mostrando—, no un tratamiento médico. Si tus pesadillas son frecuentes y angustiosas, si llegaron después de un trauma o si te están quitando el sueño, habla con un médico, por favor. Leer tus sueños acompaña ese cuidado, no lo reemplaza.