La diferencia entre Dios y Señor en la Biblia es la diferencia entre la fuente y tú. En el Lenguaje Universal de la Mente (Universal Language of the Mind), tal como lo enseña Tarak Uday, «Dios» se refiere a la luz del creador y «el Señor» se refiere a tu YO SOY, tu verdadero Yo. Seguramente has leído las dos palabras mil veces y dejaste que se fundieran en un solo nombre. Quizá hasta notaste, al principio del Génesis, que el texto cambia de una a otra sin avisar, te lo preguntaste medio segundo y seguiste leyendo. Ese medio segundo era el instinto correcto. Un texto escrito en imágenes no cambia una palabra por accidente, y un sueño tampoco. Así que deja la pregunta junto al último sueño que recuerdas, ese en el que un detalle raro te siguió jalando después de despertar.

¿Cuál es la diferencia entre Dios y Señor en la Biblia?

A casi todos nos los entregaron como dos títulos para un mismo ser. Y nadie lo corrigió, porque en la superficie nada se rompe si los intercambias.

En Structure of the Mind, Tarak Uday nombra justo esa costumbre: muchas personas no prestan atención a cuándo se usa una y cuándo la otra, y las perciben como intercambiables. Y enseguida le da la vuelta. Hay, escribe, un propósito y una intención detrás de cuándo se usa una en lugar de la otra. Luego da las dos definiciones sin rodeos:

«Cuando ves la palabra "Dios" usada en la Biblia, se refiere a la luz del creador. Cuando te encuentras con el término "el Señor", se refiere a tu conciencia divina YO SOY, tu verdadero Yo.»

Una palabra apunta a la fuente. El Altísimo. La luz de la que sale todo. La otra palabra apunta a ti. No a tu personalidad, ni a tu nombre, ni a la historia que cuentas sobre ti, sino a la conciencia que está debajo de todo eso. El libro resume la relación entre las dos en una sola imagen: nuestra conciencia es nuestro propio rayo individual de la luz del creador.

La luz, y un rayo de ella. Esa es toda la diferencia.

Es de conocimiento común que las dos palabras traducen nombres hebreos distintos del texto original, y por eso muchas Biblias en español, según la edición, escriben «Jehová» o «el SEÑOR» en mayúsculas. Esa es la historia de las palabras. Lo que leemos aquí es otra capa: qué hacen las dos palabras como símbolos, en el lenguaje de imágenes que usa la mente.

En el Lenguaje Universal de la Mente, «Dios» en la Biblia es la luz del creador, la fuente de la que se origina tu existencia. «El Señor» es tu YO SOY, tu verdadero Yo, tu propio rayo individual de esa luz. Las dos palabras no son intercambiables, y el texto elige a propósito cuál usa.

Una nota antes de seguir. Esto es una forma de leer lenguaje simbólico, no instrucción religiosa. No te pide soltar la manera en que tu tradición lee estos versículos.

¿Por qué el Génesis dice primero «Dios» y después «el Señor Dios»?

Abre la primera página. Génesis 1:1 empieza con Dios creando los cielos y la tierra. Y en todo el primer capítulo cada acto de creación le pertenece a «Dios». La palabra «Señor» no aparece ni una vez.

Luego, en Génesis 2:4, el nombre cambia. La versión King James (KJV), en inglés, escribe ahí por primera vez «the LORD God», los dos nombres unidos, y así se cuenta toda la historia del jardín. En tu Biblia lo verás como «Jehová Dios» o «el SEÑOR Dios».

¿Por qué empezar con uno solo? Structure of the Mind lo responde de frente: la historia de la creación y la Biblia comienzan con Dios porque NUESTRA creación y existencia comienza y se origina con la esencia del Altísimo. La fuente va primero porque la fuente es primero.

Y lo que se crea en ese primer capítulo no es lo que casi todos suponen. Tarak escribe que la historia de la creación no es un relato del origen de la humanidad, sino la representación de cómo se crean las herramientas y los vehículos con los que nuestra conciencia experimenta. Los cielos son la mente superconsciente. La tierra es la mente subconsciente. Lo primero que se creó fue la mente. Si quieres recorrerlo versículo por versículo, Génesis 1 decodificado hace exactamente eso.

Ahora sostén las dos definiciones y mira otra vez dónde cambia el nombre. Durante un capítulo entero la luz del creador construye el campo de experiencia. Después la historia gira hacia quien va a vivir dentro de ese campo, y justo ahí el texto empieza a decir «el Señor Dios». El verdadero Yo y su fuente, nombrados juntos.

El libro decodifica los primeros versículos del Génesis línea por línea, no ese, así que no tomes ese giro como doctrina. Toma las dos definiciones y ponlas a prueba tú. El nombre que usa un versículo te dice hacia dónde apunta: a la fuente, a ti, o al lugar donde las dos se encuentran.

¿Qué significa «el Señor» cuando la Biblia dice YO SOY?

Hay un versículo donde el texto casi te entrega la llave. En la zarza ardiente, en Éxodo 3:14, el nombre que se da es, en la KJV, «I AM THAT I AM»: YO SOY EL QUE SOY.

Tarak señala la misma línea en Structure of the Mind: hay una razón por la que se usa la frase YO SOY. Y dice cuál es: tu YO SOY es tu propio rayo individual de la luz del Creador. Es tu conciencia.

Piensa en cómo usas de verdad esas dos palabras. Nadie más puede decir «yo soy» y referirse a ti. Tu nombre lo comparten otros, y casi todas tus opiniones las tomaste prestadas de alguien. Pero la simple sensación de estar aquí, consciente, antes de agregar cualquier cosa después de «yo soy»... esa nunca cambió. Estaba ahí cuando eras niño, y está ahí ahora mismo, leyendo esta frase.

A eso se refiere «el Señor». No a un gobernante en algún lugar por encima de ti. A quien, dentro de ti, está consciente.

Los Salmos lo dicen sin titubear. El Salmo 82:6 llama dioses a quienes lo escuchan, hijos del Altísimo. Hijos de la fuente. Rayos de la luz.

Y aquí es donde casi todos se atoran, porque oyen «verdadero Yo» y agarran lo más cercano que conocen: el cuerpo, el alma, el espíritu, la mente. El verdadero Yo no es ninguno de esos. Esos son los vehículos y las herramientas que usa. Qué es en realidad el verdadero Yo lo desarma pieza por pieza.

¿Cómo se lee un versículo igual que se lee un sueño?

Esta es la parte que nadie explica. No necesitas una habilidad para las escrituras y otra para tus sueños. Es un solo lenguaje.

Structure of the Mind lo dice sin adornos: la Biblia fue escrita con un simbolismo profundo dentro de este lenguaje. Es un lenguaje antiguo, no le pertenece a nadie, y es el mismo lenguaje de imágenes en el que tu mente subconsciente te habla cada noche. Así que el método para leerlo también es el mismo. En Life Is But a Dream, Tarak da el método: para entender las imágenes del lenguaje hay que mirar la forma y la función de esa imagen.

Tres preguntas. ¿Cuál es la forma de la imagen? ¿Cuál es la función de esa forma? ¿Y cómo se relaciona eso con la mente, contigo? Si nunca has trabajado un sueño así, las tres preguntas para interpretar un sueño las muestra en uso.

Pasa el comienzo del Génesis por ellas y obtienes la clave que el libro presenta. La luz es conciencia despierta. La oscuridad es falta de conciencia. Un rostro es identidad, porque por el rostro identificamos a alguien. El agua es la experiencia de vida. El cielo es la mente superconsciente y la tierra es la mente subconsciente. Nada de eso es arbitrario. Cada una sale de preguntar qué hace la cosa.

Ahora lo incómodo. Esas mismas imágenes aparecieron en tus sueños este mes. Una luz que se enciende en un cuarto. Agua oscura. Un rostro que no alcanzabas a ver. El cielo abriéndose arriba. Un versículo es público. Tu sueño usó el mismo vocabulario, pero fue escrito para un solo lector, sobre una sola vida, en una noche en particular.

Tarak Uday profundiza en esto en Structure of the Mind, su mapa de las tres divisiones de la mente y de los poderes de la atención, la memoria y la imaginación.

Y el significado cambia según lo que el símbolo tenía al lado. Luz en un cuarto vacío y luz en uno lleno de gente no son la misma frase. Tampoco la oscuridad a la que entras y la oscuridad de la que huyes. Un diccionario te da la palabra. Solo la secuencia te da el mensaje.

¿Cómo acelera CHITTA la decodificación de símbolos como estos?

Este es el hueco que te queda. Ahora tienes dos definiciones y tres preguntas. Pero el versículo seguirá ahí mañana. El sueño no. Se va a los pocos minutos de despertar, y con él se va el único texto escrito específicamente para ti.

Para ese hueco está hecho CHITTA. El diccionario de símbolos guarda la lectura de forma y función de cada símbolo, igual que la clave del libro guarda luz, oscuridad, rostro y agua, para que no estés adivinando. El diario de sueños conserva cada sueño con su fecha, y así un símbolo que vuelve una y otra vez se convierte en un patrón visible en lugar de una sensación vaga. Y el motor de interpretación decodifica el sueño en el Lenguaje Universal de la Mente, leyendo cada símbolo junto a los otros con los que apareció y no una entrada a la vez.

¿Por qué eso acelera las cosas? Porque es la misma habilidad. Cada sueño que decodificas hace más fácil leer el siguiente versículo, y cada versículo que decodificas afila las preguntas que le llevas al siguiente sueño. Lo que era una corazonada se vuelve un registro con fecha que puedes revisar.

Los símbolos de las escrituras son los símbolos de tu sueño. Busca el símbolo de tu propio sueño y léelo como acabas de leer «Dios» y «el Señor».

¿Qué versículo vas a decodificar esta noche?

No aceptes nada de esto por creencia. La información no transforma a nadie. La experiencia sí. Así que hazlo.

Esta noche lee un versículo que nombre a los dos. El Salmo 100:3 es bueno: en una sola frase pone juntos al Señor y a Dios. Cópialo a mano de tu propia Biblia.

Después hazle las mismas preguntas que le harías a un sueño: la forma, la función, y cómo se relaciona con tu mente, contigo. Donde el versículo diga «Dios», escribe «la luz del creador». Donde diga «el Señor» o «Jehová», escribe «mi YO SOY, mi verdadero Yo». Léelo de nuevo, despacio.

Luego deja el papel y la pluma junto a la cama. Si llega un sueño, hazle las mismas tres preguntas en la mañana, antes de hacer cualquier otra cosa.

Este artículo puede decirte qué significan las dos palabras. No puede decirte qué te va a decir el versículo cuando lo leas así, ni por qué anoche te llegó una imagen en particular y no cualquier otra. Esa parte siempre estuvo dirigida a una sola persona.